Caminar resuelve - page 7

importante. De nada valeuna señal con una
velocidad razonable si, undeterminadoporcentaje,
pongamos el 10 o15%, de los conductores no la
respeta; posiblemente pueda producir aúnmas
peligro y ruido: adelantamientos arriesgados,
bocinas,... La realidad es que paragarantizar
estas velocidadesmoderadas hay que recurrir,
cuandomenos enestemomento de estado de las
cosas, aelementos físicos de calmadode tráfico.
Por otro lado, lapeligrosidadde las vías urbanas,
la inseguridad vial, no sepuedemedir sólo por el
número deaccidentes y de víctimas; la sensación
de inseguridadnoes tan trágica como los efectos
en las víctimas, pero deteriora de formamuy grave
la calidadde vida en las ciudades y recorta la
autonomía de las personasmas débiles,
especialmentede los niños que se venexpulsados
de laexploración y dominioautónomode su
medio.
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Lasdinámicassociales
La recuperaciónde lamovilidadpeatonal, el re-
equilibrioentre lasdiversas formasdemovilidad,no
puedenuncacondicionarsea futurosoaotras
actuaciones.Noestaríamosmásquedemorando sin
horizonte temporal la solucióndeunproblemacada
vezmasacuciante.
Desgraciadamente, los peatones no se sienten un
colectivo conderechos ni presionan para que la
movilidadpeatonal sea tenidaen cuenta; por el
contrario, los automovilistas, ouna parte deellos,
si se sienten como un colectivo e intentan
defender sus derechos, reales o supuestos, a
veces de formabastante agresiva, aunquehayan
rebajado su intensidaden los últimos años. Lo
llamativo del casoes que los dos colectivos son,
engranparte, coincidentes. Esta contradicción,
aparentemente individual, se resuelve
habitualmente de una forma bastante curiosa: en
mi calle, o sea como residente y peatón, soy
partidariode queno pasen los coches de los
demás, y si pasan, que seadespacio y sin crear
peligro. En las demás calles, o sea cuando soy
conductor, contrario aestasmedidas.
Cuando se iniciaun procesode re-equilibrio de los
usos de los espacios públicos urbanos, entreel
modo demovilidadpeatonal y el rodado, hay una
reacción, endiferentes grados, que recuerda
aquellamáxima de tardo-franquismo deque
“podríahaber democracia cuando los españoles
estuviesenpreparados”.
Esminoritaria laoposición frontal aeste re-
equilibrio demovilidades; casi siempre vapor
argumentaciones del tipo: “reforma sí, pero
cuandohaya estacionamiento”, “sí, pero cuando
hayaunanimidad”, “sí, pero cuandomejore el
transporte público”, cuando.., cuando..., cuando...
El mododemovilidadprivilegiado, omotorizado
individual, queestáoprimiendo a los demás
modos, se resistea perder sus prebendas aunque
seaen aras de un re-equilibrio y deunamejora
generalizada tanto de lamovilidad comode la
seguridad y de la calidadurbana.
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Existen variablesmodificables
Laentidaddelproblemade tráficoen las ciudadeses
de talmagnitudque sedeberíaactuar sobre todas las
variablesquepudieran intervenir; lacolaboraciónde
administracionesyentidades,públicasoprivadas,
podríaydebería serdegran ayuda.
Siendo el tráfico urbanoun graveproblema,
curiosamente las soluciones siempre se pretenden
circunscribir al estricto ámbito del diseño y gestión
del viario urbano. Un problema tan grave y agudo
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